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EL DEVORADOR DE SOMBRAS
El relato de Gregorio Morales contenido
en Cuentos de Terror, encabeza
y da título a este nuevo libro, en el que se contienen
otros nuevos seis relatos. La presente entrega constituye todo
un acontecimiento literario. El lector no podrá encontrar en
la literatura europea actual unos relatos de suspense y terror
más magistrales que estos. Estamos ante narraciones singulares,
basadas en lo más adelantado de la ciencia y la psicología de
nuestro tiempo, donde algo irresistiblemente misterioso nos
mueve sin pausa a leer una página tras otra. Además de hacernos
pasar unas intensas horas de intriga, el autor nos conduce a
las zonas más tenebrosas e inquietantes del ser humano. Los
lectores de El devorador de sombras unirán al más pavoroso
sobrecogimiento, el disfrute de la calidad literaria. La crítica
ha afirmado que una característica habitual de la literatura
de Gregorio Morales es la combinación de la agilidad
narrativa con la hondura expresiva (El País).
CRÍTICAS
SINOPSIS
ENTREVISTA
ÍNDICE DE LA OBRA
CRÍTICAS
Porque
parece género que está reñido con la luz, porque el sol y
las ventanas abiertas parece que no dejan que asome la bestia
que todo ser humano tiene en su interior, ese lado oscuro
que puede manifestarse o no, el escritor granadino Gregorio
Morales, al reunir en este excelente libro de cuentos siete
historias de terror y sombras, ha querido que la primera de
todas ellas, la que da título al conjunto, las más clásica
de todas ellas, se sitúe en tierras londinenses, a modo de
homenaje al género tan anglosajón. Morales muestra unas excelentes
maneras al encararse con el género y lo hace con brillante
naturalidad y desasosegante naturalidad.
Javier Goñi, Babelia, El País, 10 de marzo de
2001, pág. 7
Todos estos cuentos
envuelven la trama en una atmósfera densa para cercar a los personajes
en su tela de araña, mantienen una indesmayable tensión dramática
en la peripecia y disponen la historia en una ascensión progresiva
que desemboca en un final sorprendente a la manera de Poe y otros
maestros. Se trata de un clímax en el desenlace preparado con minuciosidad,
calculado y medio en sus anticipaciones y pasos intermedios, mediante
una magistral utilización de la suspensión y el ritmo narrativo,
de modo que el desasosiego del lector se ve arrastrado e intensificado
indefectiblemente hasta ese final cerrado (...) Gregorio Morales
rehuye la mímesis y arriesga en el tratamiento de los temas y en
la adecuación de sus formas y técnicas narrativas. Su prosa cuidada,
ajustada a la evolución progresiva de las técnicas suspensivas,
consigue que los cuentos avancen por unos derroteros en ningún momento
complaciente o previsibles.
Santos Alonso, Reseña, Nº 323, enero, 2001, pág. 27
Siguiendo
una de las normas áureas, el horror irrumpe en lo cotidiano creando
un contraste que sobrecoge. Morales es un maestro en la elaboración
de esa sutil gradación que nos transporta de lo ordinario a lo extraordinario,
construyendo ambientes inquietantes y personajes oblicuos y, a veces,
para, infra o suprahumanos (...) Morales se adentra así en los diversos
caminos del horror: desde la obsesión neurótica al terror pseudocientífico,
pasando por la necrofilia, la maldición exótica o el retorno del
difunto. Ningún sendero es nuevo, pero sí lo es la forma de recorrerlo.
En este bosque del miedo surgen flores originales, especies desconocidas
de perfume narcótico y colores místicos capaces de arrastrarnos
a esa dimensión paralela que atisbamos enloquecedoramente auténtica.
Con la publicación de estos cuentos, podemos decir sin temor a equivocarnos
que la secular esterilidad de la literatura española en el terreno
de lo fantástico y terrorífico ha llegado a su fin.
Marina
Moreno Lorenzo, El Fingidor, enero-marzo, 2001, pp 43-44.
Si
usted, lector de estas líneas, es excesivamente sensible, debe abstenerse
de su lectura; sobre todo si, como un servidor, tiene la costumbre
de leer antes de dormirse. Podría tener más de una pesadilla. Si
es así, sólo cabe lamentarse, porque se va a perder páginas asombrosas,
algunas verdaderas obras maestras en su género; pero si usted sabe
que tiene la mente y el corazón bien curtidos y se atreve con todo
lo que le echen, una vez que inicie la primera página, estoy seguro
que va a continuar hasta el final. Porque no estará mal adelantarlo
desde ahora- en cuanto se inicia la lectura de cada una de estas
historias, no hay manera de interrumpirla. Ese halo de misterio,
ese inmisericorde hurgar del autor en las zonas más tenebrosas y
recónditas del ser humano el soterrado animal de fondo que
yace en los recovecos de nosotros-, unido a un estilo extremadamente
fluido y atractivo, obran el sortilegio de prendernos hasta el final
a las páginas de este libro.
Francisco Gil Craviotto, Ideal, martes, 9 de enero de
2001, pág. 19
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